En el caso de los contratos de alquiler, esto se traduce en que los arrendadores ya no se conforman con la consabida fianza, de un mes en el caso de los particulares y dos en el de los locales de negocio. Ahora, para asegurarse de que no les falla el abono de la renta, recurren a la garantía de un aval bancario. Se trata de un documento mediante el cual el banco se compromete a, en el caso de que el arrendatario no pague, responder a los requerimientos del dueño.

El miedo a los impagos y las dificultades a la hora de expulsar a los inquilinos morosos han endurecido las exigencias de los propietarios, que tratan de garantizarse por todos los medios que alguien con solvencia indiscutible pueda hacer frente a las mensualidades. Excepto en el caso de contratos entre familiares o personas de mucha confianza, la presentación de la nómina y el depósito de la fianza ya no bastan y el aval de una entidad bancaria se ha convertido en uno de los métodos más empleados.