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La juventud española no puede emanciparse debido a la sucesión de políticas que arrinconaron al alquiler como una opción minoritaria.

Como decía una canción de Siniestro Total: “¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?”. Podríamos hacernos esas dos preguntas en torno a la relación entre el alquiler y la juventud. En la actualidad, el alquiler no es una opción sino una necesidad para una juventud parada, precaria, con trabajos temporales, que no sabe si tendrá empleo dentro de 6 meses o si tendrá que emigrar dentro de un año, por lo que no puede adquirir el compromiso a largo plazo de una hipoteca.

Por desgracia, en nuestro país los precios de la vivienda en alquiler son prácticamente similares a los de compra de vivienda en propiedad, lo que penaliza que cada vez más personas apuesten por el alquiler como opción habitacional y vital. No es casual que la inmensa mayoría de la población española esté residiendo en una vivienda en propiedad.

¿Y de dónde venimos? Lo cierto es que, hasta los años 50, España tenía los mismos índices de alquiler que el resto de Europa. Sin embargo, en un momento dado hubo una apuesta consciente y política por favorecer la compra de vivienda en propiedad con dos motivos: uno, convertir el sector de la construcción en uno de los principales motores económicos del país (con las trágicas consecuencias de impagos y desahucios que estamos viviendo durante la crisis); dos, se creía que si las personas que vivían de su trabajo se ataban a una propiedad estable se volverían más conservadoras y el movimiento obrero antifranquista perdería fuerza. Estos objetivos fueron resumidos en una célebre frase del primer Ministro de Vivienda franquista: “tenemos que pasar de un país de proletarios a un país de propietarios”.

Décadas después, nos encontramos con que la juventud española no puede emanciparse debido a la sucesión de políticas que arrinconaron al alquiler como una opción minoritaria o de paso, mientras en Europa conservaba cierto peso, con la notable excepción de Alemania, país en el que es la opción principal para el 60% de la población. Tanto es así, que según Amnistía Internacional, durante la crisis el gasto en políticas de vivienda en España se ha reducido a la mitad. No es de extrañar, con esta desviación respecto a Europa, que no pueda explicarse (o no solo) por factores culturales, que nuestra juventud se va de casa a los 29 años, 3 más tarde que la juventud del resto de países europeos.

Y es que, para poder emanciparnos, lo idóneo sería entrar dentro de lo que las propias entidades financieras llaman “umbral de sobreendeudamiento”, es decir, que dediquemos menos del 30% de nuestros ingresos a pagar la hipoteca o el alquiler. Sin embargo, sólo el 39% de las personas jóvenes trabajan, y de ese colectivo, sólo el 10% con mayores salarios podría emanciparse en el límite del umbral de “sobreendeudamiento”. ¿Lo adivinan? Sí, podrían si optan por la hipoteca, no si optan por el alquiler. Ni siquiera la minoría, ni siquiera la juventud con más oportunidades y recursos, puede alquilar en las condiciones que las propias entidades financieras recomiendan, y que son las óptimas para evitar problemas de deuda o impagos.

Esta es la situación que vivimos, que lejos de mejorar ha llegado a su mínimo histórico, con sólo un 19,7% de personas jóvenes emancipadas en nuestro país.

Lejos de caer en el derrotismo, la lección que debemos sacar es que el modelo de compra de vivienda en propiedad ha fracasado económica y socialmente.

Tenemos mayor movilidad, necesitamos vivienda más asequible, y sólo fomentando el alquiler podemos tratar de responder a estos retos.

Es urgente, entonces, que haya una apuesta política por el alquiler social, desde lo público pero no sólo, ya que necesitamos un impulso de la oferta y demanda privada de alquiler para alcanzar esa “masa crítica” que empiece a cambiar las conciencias de una población educada en la cultura del ladrillo.

Lejos de caer en el derrotismo, la lección que debemos sacar es que el modelo de compra de vivienda en propiedad ha fracasado económica y socialmente.

En conclusión, en un panorama muy negro, la cuestión del alquiler es una cuestión importante y urgente para que la juventud pueda emanciparse y construir un proyecto de vida propio y autónomo. Sin potenciar el alquiler y aumentar su prestigio, nos jugamos que la juventud se emancipe y forme una familia, en definitiva, que pueda pasar a lo que hasta ahora considerábamos la vida adulta.

The post El alquiler es un tema importante y urgente para la juventud appeared first on Fotocasa.es Blog.

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