El alquiler de pisos se puede convertir en una buena fuente de estafas contra los más confiados, por lo que desde Sección de Delitos Tecnológicos y Fraudes piden a los usuarios que extremen las precauciones, se cercioren de la identidad de los dueños y de la solvencia de empresas intermediarias.

Un caso bastante común es cuando un inquilino comienza a enseñar el piso como si fuese el propietario. Los interesados deciden alquilarlo y éste coge el dinero de la señal. Esta operación la repite una y otra vez hasta llevarse el botín deseado. Cuando llega la hora de ocupar el piso alquilado, los incautos se dan cuenta de que la persona que les había enseñado la casa con esmero no es el propietario. Se quedan sin dinero y sin piso.

En este tipo de casos, si el estafador ha hecho un contrato en condiciones con el verdadero dueño es fácil seguirle la pista, puesto que habrá tenido que presentar su documentación. El problema es cuando no existe formalización del alquiler. El timador puede desaparecer sin dejar mucho rastro. También surgen inmobiliarias fantasmas, aunque en estos casos van más a la venta que al alquiler, puesto que las cantidades que depositan los futuros propietarios son mucho mayores. “Pero en el caso del alquiler, cobran la señal y luego desaparecen, por lo que hay que tener mucho cuidado y comprobar la solvencia de la citada empresa”, explica Juan Titos.

Cuando se acerca el verano, salta, además, otro tipo de estafas. Suele suceder que se ponen anuncios en internet o en prensa ofreciendo el alquiler de un apartamento en la costa o casas rurales por un precio bastante goloso. Para poderse hacer la reserva se pide el ingreso de un dinero en una cuenta e incluso publican fotografías para darle mayor credibilidad, pero cuando llegan aquí no existe tal residencia.

Aunque no siempre el fraude procede de la supuesta parte contratante. A veces, se da el caso contrario. “Llega una persona, normalmente suelen ser nigerianos, dispuesta a alquilar el piso y el dueño le pide una señal, por ejemplo, de 500 euros”, relata el responsable de la Sección de Delitos Tecnológicos y Fraudes de la Comisaría Provincial. A los pocos días le llega a esta persona un cheque por una cantidad muy superior, pongamos unos 10.000 euros, el supuesto inquilino lo llama dando cuenta de su equivocación, y contándole que ese dinero estaba destinado a cubrir cualquier otro motivo creíble.

“Le dice que se fía de él, que cobre el cheque y que se quede con sus 500 euros y el resto lo mande a su cuenta”, añade Titos, que subraya, que “normalmente el banco del propietario le paga el cheque porque lo conoce pero esto lo hace a través de gestión de cobro, suelen ser bancos africanos y tarda sobre un mes en venir devuelto, tiempo suficiente para que éste le haya ingresado ya los 9.500 euros en la cuenta del timador, que previamente la habrá abierto posiblemente con documentación falsa”.

La casuística es muy variada y “en estos tiempos se ve cómo aumenta los delitos de pequeña índole, crece la picaresca ante la necesidad”, dice el inspector jefe, que también comenta el caso de “empresillas legales” que se limitan a hacer una lista de los pisos que se ofrecen a través de prensas, revistas especializadas o simplemente apuntando los teléfonos que cuelgan de los balcones y les piden a los clientes 200 euros por esa información. Sin embargo, a lo mejor el piso ya está alquilado, o no son las mismas condiciones que piden en el anuncio, en definitiva, que cobran un dinero pero no hacen de intermediarios, éstos más que estafadores son sin vergüenzas.

Para evitar verse envuelto en una situación de este tipo, desde la Policía subrayan la importancia de conocer bien quién es el dueño de la vivienda, “incluso preguntando en el vecindario, en la frutería”, contrastar bien las fuentes, no ser tan confiado y, sobre todo, “no mandar el dinero a ciegas a través de empresas de traslados de fondos”. Una cuenta bancaria siempre deja un rastro mayor.