El perfil del invasor es dispar: desde los tradicionales okupas a grupos que se quieren aprovechar de personas sin estudios o en situaciones marginales. En determinados momentos llegan a actuar como mafias. Sean como sean, los problemas que provocan al legítimo propietario del domicilio son mayores que si hicieran una okupació ordinaria.

Así, si un grupo de personas se instala en una propiedad ajena, el tiempo que se tarda a echarlos fuera oscila ahora entre los cuatro y los seis meses, porque los procesos judiciales en este tipo de casos se han acelerado. Por el contrario, si un desconocido realquila un piso que no es suyo a una tercera persona, el tiempo de espera puede llegar a durar hasta tres años.

Papel mojado

Si la persona se hace pasar por propietario, redacta un falso contrato de alquiler a sus inquilinos e, incluso, les entrega recibos ficticios con las mensualidades, todo se complica, aunque sea papel mojado. “En estos casos no se puede hacer un juicio de desahucio y se debe hacer una vista ordinaria. Puede tardar entre dos y tres años”, comenta Aguilà. El motivo, añade, es que “hay un contrato de por medio, aunque sea falso“.

Siempre se deben pedir informes

No debe dar vergüenza pedir informes personales de la persona a quien alquilamos el piso, llamar a su trabajo y preguntar cómo es, si estuvo de alquiler antes; al propietario…”, asegura Xavier Tió, vocal del Colegio de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria. Siguiendo estas pautas, “nos ahorraremos incidencias”, afirma. Tió también alerta que se deben cambiar las cerraduras de la puerta tras la marcha del inquilino. “A veces han vuelto a entrar tras dejar el piso“, avisa.