Parece que últimamente prolifera el truco de la estampita en versión arrendamiento falso. Una estafa tan antigua como fácil de evitar.

El método es sencillo. Un arrendatario pone un anuncio de alquiler y celebra contratos con varias personas a quienes cobra la primera mensualidad y la fianza. Luego desaparece con el dinero y con la tranquilidad de poder repetir modus operandi en otra ciudad u otro barrio.

Imagen falsa
Toda estafa exige la creación de una imagen falsa, de una apariencia de realidad en la que la víctima pueda confiar. En este caso, para alquilar lo que no se tiene es necesario crear la apariencia de ser propietario. A estos pillos le basta con un anuncio en el periódico y abrir la puerta del piso a los aspirantes a arrendatarios.

Estos confían en que quien tiene las llaves es dueño porque posee pública y pacíficamente. Pero, como comprobarán pronto, posesión y propiedad no tienen por qué coincidir.

Posesión y propiedad
Precisamente porque en materia de inmuebles la posesión y la propiedad pueden ir por separado es necesario un modo de publicar fehacientemente quien es propietario y quien no. Quien quiera alquilar o comprar una vivienda necesita ir más allá de la apariencia que genera tener las llaves, necesita saber que trata con el verdadero propietario y no con uno que pasa por allí.

Para eso existe el Registro de la Propiedad y bien harían los que buscan piso en alquiler en acostumbrarse a reclamar una nota simple al arrendador.

Pero es más, esta consulta registral puede protegernos aunque quien alquile resulte no ser verdadero propietario. Un ejemplo, el nuevo dueño de un piso no lo inscribe a su nombre. Tampoco está obligado, ir al registro es voluntario y así se ahorra unos eurillos. Pero resulta que sin ser ya dueños, los herederos del vendedor que aún figura en el registro como dueño del piso lo alquilan.

Normativa
En este caso, la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) protege la fiabilidad de la información registral y la confianza del arrendatario en que esta es real y cierta.

El inquilino que contrató con quien aparece en el registro con facultades para arrendar será mantenido en el arrendamiento por los cinco años del plazo legal aunque resulte que no era el verdadero dueño.